José Carlos Hernández o el morboso gusto de matar dos veces

No nos sumamos al coro mediático que ha pretendido matar moralmente a José Carlos Hernández.  Con su muerte en esas condiciones, que nunca debió haber sufrido, nos parece suficiente de cara al morbo inagotable de periodistas  y comunicadores que se han saciado en discrimen y sangre, y de un púiblico que gusta de esos insumos para tomar su primera taza de sangre de la mañana.
Con el final que tuvo esta joven existencia, ¿no nos parece suficiente? .

Ahora tambien queremos crucificarlo por su forma se adornar su cuerpo,  por los temas que interpretaba desde su conjunto de rock (igual o tan violentos como los temas que de orginario y desde hace años escuchamos desde la bachata, la balada, la música urbana, los merengues clásicos y/o modernos) por su forma de pensar.

Me permito  solidarizarme con las posturas  Tahira Vargas,  Pablo Ross, Juan Taveras Hernández y Ricardo Nieves,  ofreciendo los datos, han fijado posturas anti-discriminatorias en el caso, advirtiendo sobre el peligroso deporte de juzgar por las apariencias.

A fuerza de muchos años de ejercer el periodismo, hay momentos en los que nos llena el alma una mezcla inoportuna de asco, verguenza ajena, impotencia y decepción, el sentir que las noticias nos sirven para asesinar dos veces a una misma persona.


Respaldo a quienes han salido a proclamar su rechazo a este paredón moralista, superficial y que persigue engordar el "morbo de las 48 horas" de este tipo de noticias.

Me impresiona el enfoque que hace Alexei Tellerias, desde su Catarsis Diaria.

¿Cuándo acabaremos de entender que somos una sola Humanidad, sumum de muchas formas de pensar, de muchas maneras de concebir el mundo, con derechos de seleccionar la forma de vida, la actitud ante los hechos, sin que ello otorgue al derecho de bautizar o santificar las más extraordinarias manifestaciones de intolerancia?

Se trata del horripilante crimen de odio que terminó con la vida del joven José Carlos Hernández, en las afueras de una discoteca capitalina y de la muerte moral que muchxs comunicadorxs han pretendido hacer de su memoria, al contabilizar el número de sus tatuajes, la cantidad de piercing, el rastreo de sus temas, la forma de pensar y la inclinación ideológica, filosófica o de creencias de la víctima, ya suficientemente muerto de 27 puñaladas.


Estamos ante un crimen de odio, según ha  aclarado con responsabilidad la fiscal del Distrito, Yenny Berenice Reynoso, 

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