Es fuerte verse a uno mismo en un momento difícil. La foto la tomó Giordano Sosa, mi hijo.
Durante los festivos días de las Navidades, cuando el común de la gente estuvo en las celebraciones, yo estuve en unidades de cuidado intensivo, sin visita, atado a un suero por el que me administraban una parte de los medicamentos inyectables, auscultado por todos los orificios corporales (incluyendo ese lugar que usted imagina). Estuve muy grave por una hemorragia interna de la que no se sbía la causa y mi hematócrito (nivel de glóbulos rojos en la sangre) bajó de 46 a 20. Gracias al respaldo de mucha gente que me ama y aprecia, (entre quienes quiero resaltar a Don José Corripio Estrada (Pepín), el ingeniero Ramón Rivas, Remo del Orbe, Juan Gilberto Núñez, mi Colegio Dominicano de Periodistas, Leo Corporán y mucha otra gente que haría larga la lista) hoy estoy recuperado. Ya no estoy como me veo en la foto. Durante ese tiempo aprendí 10 cosas importantes.
1. Aprendí que los seres humanos, no importa el dinero, el cargo o la fama que podamos tener, no somos nada.
2- Aprendí que los dominicanos comemos de todo y mal y eso es una especie de suicidio a largo plazo.
3- Aprendí que si uno se viera por dentro pasarían dos cosas: primero nos daría asco. Somos un amasijo de fluidos, secreciones, sangre, huesos y músculos. Y, segundo, no seríamos tan vanidosos como resultamos.
4- Aprendí que quiere decir que uno es un paciente.... significa que hay que tener una paciencia infinita. Uno acostado en esa cama horas y horas, días y días, inyecciones van e inyecciones vienen, enemas, exámenes por la boca y otros orificios...!qué paciencia!.
5- Aprendí el valor de la amistad bien entendida y de lo mucho que son capaces los amigos que dan hasta su sangre para que uno se reponga.
6- Aprendí la importancia de contar con medios de comunicación que hagan un llamado oportuno a donar sangre y a apreciar el valor de esa donación cuando quien la necesita es uno mismo.
7- Aprendí que si uno falta al trabajo, el trabajo alguien lo sigue haciendo. Te recuerdan con cariño (probablemente en los primeros meses) pero se nota que no eres imprescindible en nada. Todo el mundo es sustituible.
8- Aprendí que quien necesita aliento no es el enfermo sino quien atiende al enfermo, ese ser que se desvive por estar al lado de uno, que no duerme por las noches pendiente de cada movimiento.
9- Aprendí que mis hijos ya están grandecitos y que quien necesita de ellos soy yo. Ya no son "mis niños" (incluyendo una niña), sino que han crecido, que son hombres y mujeres capaces de hacer lo que sea para que uno se reponga.
10. Aprendí la importancia de darme tiempo a mi, de tomarlo todo con calma, de hacer una cosa a la vez.
--